La técnica
Empezaremos vertiendo el aceite para expandirlo mediante movimientos ligeros y alargados.
Usaremos las manos completas y empezaremos en la parte baja de la espalda de la persona. Los movimientos serán siempre hacia arriba, respetando el flujo sanguíneo que va hasta el corazón.
Podemos ejecutar la técnica de amasamiento o presión con mucho cuidado. Se trata de hacer círculos con los dedos alrededor de la zona de los hombros, cervicales y media espalda, ejerciendo una presión ligera durante unos pocos segundos.
En los amasamientos, el dedo pulgar y la palma de la mano avanza sobre la sección de la musculatura que queramos trabajar. Este paso dura unos 4-5 minutos.
Hemos de recordar que un masaje tiene una secuencia y un ritmo. Si empezamos los movimientos con ambas manos sobre el cuello y la espalda, no vamos a retirar una de las manos al poco tiempo porque nos cansamos. Ello hará que se rompa el ritmo y la armonía.
Podemos terminar el masaje con la técnica del abanico. Se trata solo de separar mucho los dedos de la mano (como en abanico) para ir pasando en forma ascendente desde media espalda hasta el cuello. Ahora no aplicamos presión, “solo arrastramos” hacia arriba.
Para concluir, debemos recordar siempre que no somos expertos y, por ello, evitaremos hacer masajes relajantes cuando la persona tiene algún dolor o lesión cervical, podríamos agravar el problema. Los masajes relajantes deben ser muy suaves y disfrutar de igual forma con la ambientación y el simple contacto físico.
Empezaremos vertiendo el aceite para expandirlo mediante movimientos ligeros y alargados.
Usaremos las manos completas y empezaremos en la parte baja de la espalda de la persona. Los movimientos serán siempre hacia arriba, respetando el flujo sanguíneo que va hasta el corazón.
Podemos ejecutar la técnica de amasamiento o presión con mucho cuidado. Se trata de hacer círculos con los dedos alrededor de la zona de los hombros, cervicales y media espalda, ejerciendo una presión ligera durante unos pocos segundos.
En los amasamientos, el dedo pulgar y la palma de la mano avanza sobre la sección de la musculatura que queramos trabajar. Este paso dura unos 4-5 minutos.
Hemos de recordar que un masaje tiene una secuencia y un ritmo. Si empezamos los movimientos con ambas manos sobre el cuello y la espalda, no vamos a retirar una de las manos al poco tiempo porque nos cansamos. Ello hará que se rompa el ritmo y la armonía.
Podemos terminar el masaje con la técnica del abanico. Se trata solo de separar mucho los dedos de la mano (como en abanico) para ir pasando en forma ascendente desde media espalda hasta el cuello. Ahora no aplicamos presión, “solo arrastramos” hacia arriba.
Para concluir, debemos recordar siempre que no somos expertos y, por ello, evitaremos hacer masajes relajantes cuando la persona tiene algún dolor o lesión cervical, podríamos agravar el problema. Los masajes relajantes deben ser muy suaves y disfrutar de igual forma con la ambientación y el simple contacto físico.
Comentarios
Publicar un comentario